Lavar frutas y verduras antes de comerlas es una práctica básica de higiene recomendada por autoridades sanitarias de todo el mundo. Sin embargo, usar jabón o detergente para trastes no solo no es necesario, sino que puede convertirse en un riesgo para tu salud.
Aunque la idea de “más limpieza” suena lógica, los jabones domésticos no están formulados para el contacto con alimentos. Están diseñados para limpiar superficies inertes como platos, vasos o encimeras.
Su composición incluye surfactantes (sustancias que ayudan a desprender grasa), fragancias, colorantes y otros compuestos químicos que pueden dejar residuos incluso después de un enjuague cuidadoso.
¿Qué ocurre cuando ingerimos residuos de detergente?
El jabón está hecho para romper la grasa y arrastrar suciedad. Esa misma capacidad puede alterar tejidos biológicos si se ingiere. Aunque el lavado de una fruta con jabón no equivale a beber detergente, sí puede generar exposición innecesaria a sustancias que no están pensadas para el consumo humano.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) es clara: no se recomienda usar jabón, detergente ni productos comerciales de “produce wash” para lavar frutas y verduras, ya que estos no están aprobados para su consumo y podrían dejar restos químicos en los alimentos.
La recomendación oficial es lavar los productos bajo agua corriente y frotarlos suavemente con las manos o con un cepillo limpio si la superficie es firme.
Además, FoodSafety.gov, sitio oficial del gobierno de EE. UU. sobre seguridad alimentaria, advierte que los productos químicos destinados a limpiar superficies pueden ser absorbidos por alimentos frescos, especialmente aquellos con superficies porosas.
Un estudio publicado en Journal of Allergy and Clinical Immunology analizó el efecto de ciertos componentes de detergentes —como los alcoholes etoxilados, un tipo de surfactante— sobre células intestinales humanas en laboratorio.
Los investigadores observaron que estos compuestos podían afectar la integridad de la barrera epitelial intestinal, que es la capa de células que protege el intestino y regula qué sustancias pasan al torrente sanguíneo.
Algunos ingredientes presentes en detergentes pueden alterar la “muralla” protectora del intestino cuando hay exposición directa. Esto refuerza la recomendación de evitar su contacto con alimentos.
Por otro lado, reportes clínicos sobre ingestión accidental de detergentes documentan síntomas como irritación gastrointestinal, náuseas y dolor abdominal. Aunque estos casos suelen implicar cantidades mayores, confirman que se trata de sustancias potencialmente irritantes.
Qué dicen las autoridades sobre “trucos” caseros
Además del jabón, existen otros “remedios” populares como lavar con vinagre, limón o bicarbonato. Sin embargo, las autoridades sanitarias insisten en que el método más seguro y eficaz sigue siendo el más simple: agua corriente.
El Centro Nacional de Información sobre Plaguicidas (NPIC), respaldado por la Universidad Estatal de Oregón y la Agencia de Protección Ambiental (EPA), señala que no hay evidencia sólida de que los lavados comerciales o soluciones caseras sean más efectivos que el agua corriente para remover residuos superficiales de pesticidas.
Esto no significa que lavar no sirva, sino que el agua corriente combinada con fricción física (frotar con las manos o cepillo) es suficiente para reducir tierra, microorganismos y parte de los residuos superficiales.
¿Lavar elimina todos los pesticidas?
Una investigación publicada por la American Chemical Society encontró que ciertos pesticidas pueden penetrar más allá de la superficie de algunas frutas, como las manzanas.
Esto implica que el lavado ayuda a reducir residuos externos, pero no garantiza su eliminación total cuando han sido absorbidos por la cáscara o la capa externa de la pulpa.
En algunos casos, pelar la fruta puede reducir aún más la exposición, aunque también implica pérdida de fibra y nutrientes presentes en la cáscara.
Cómo lavar frutas y verduras de forma segura
Las recomendaciones oficiales coinciden en pasos simples y efectivos:
- Lava tus manos con agua y jabón antes de manipular alimentos.
- Enjuaga frutas y verduras bajo agua fría corriente.
- Frota suavemente con las manos.
- Usa un cepillo limpio para productos de piel firme como manzanas o pepinos.
- Seca con papel o paño limpio para reducir microorganismos superficiales.
- Evita jabón, detergente, lejía o productos no aprobados para alimentos.
Consejos específicos:
- Piel firme (manzana, zanahoria, pepino): cepilla suavemente.
- Hojas verdes: separa y enjuaga hoja por hoja.
- Frutas delicadas (fresas, uvas): lávalas justo antes de consumirlas.
Las guías también recomiendan no remojar durante largos periodos, ya que esto puede favorecer la contaminación cruzada.
Errores comunes que debemos evitar
- “Si desinfecta la cocina, también sirve para la fruta.” Falso. Los desinfectantes de superficies no están diseñados para ser ingeridos.
- “Un poco de jabón no hace daño.” No es necesario y puede dejar residuos químicos evitables.
- “El vinagre desinfecta mejor.” No hay evidencia consistente de que supere al agua corriente en la eliminación de microorganismos.
Las autoridades sanitarias indican que lavar frutas y verduras con agua corriente es suficiente para reducir suciedad y microorganismos. El uso de jabón o detergentes no está recomendado, ya que puede dejar residuos químicos en los alimentos. Las guías oficiales coinciden en que la fricción suave bajo el chorro de agua es el método más seguro para su limpieza.