Los medicamentos y el alcohol no deberían ir nunca de la mano. No obstante, hay medicinas que no pueden mezclarse en ningún caso con el alcohol por sus efectos adversos. Descubre cuáles son
Según especialistas farmaceuticos, además de otros problemas produce una reducción del nivel de conciencia, afecta al metabolismo de la glucosa y la tensión arterial, puede producir daños en el hígado, además de reducir las defensas del cuerpo cuando hay un uso habitual.
Señalan que el riesgo de esta interacción es algo que se conoce; se informa de ello en los prospectos de los medicamentos, pero a veces no se le da la importancia debida a las implicaciones y daños que puede ocasionar esta mezcla.
Destacan los especialistas que el hecho de tener que tomar un fármaco ya indica que algo ocurre en el organismo y debería disuadirnos de tomar alcohol. Esta mezcla no influye siempre de la misma manera, pero sí hay ciertos medicamentos con los que hay que tener especial cuidado.
Benzodiacepinas y opioides
Las benzodiacepinas (diazepam, lorazepam, clonazepam…) se utilizan para tratar la ansiedad, el insomnio, y algunas de ellas para las contracturas musculares, mientras que los opioides (tramadol, oxicodona, morfina… ) se administran para el abordaje del dolor.
Dentro de los opioides se encuentran los opioides mayores, que serían la morfina y derivados de la morfina, como el fentanilo, la oxicodona, etc, y los opioides menores, como el tramadol y la codeína.
Tanto el alcohol como estos medicamentos producen una depresión del sistema nervioso central. Esto se traduce en una sensación de calma, de aturdimiento, somnolencia, relajación muscular, reducción de la velocidad de los movimientos y de los reflejos.
Afirman los especialistas que estos fármacos, que deberían consumirse de forma puntual -o con un tiempo determinado-, y siempre pautados por un médico, no deberían mezclarse nunca con alcohol. ¿Por qué? en el caso de las benzodiazepinas o los opioides solamente tomar una o dos copas, en función de las características del paciente pueden afectar muchísimo.
Un consumo puntual con estos fármacos podría tener consecuencias muy graves e incluso un desenlace fatal. Porque el alcohol, las benzodiacepinas y los opioides se potencian entre ellos, y pueden aumentar sus efectos sedantes y puede producir efectos secundarios graves.
Advierten los profesionales que otros fármacos, como opioides y benzodiacepinas no son los únicos fármacos que pueden producir interacciones al ser consumidos con alcohol. Como por ejemplo, con antiagregantes y anticoagulantes se puede incrementar el riesgo de sangrado, y con paracetamol o algunos antibióticos como isoniazida y rifampicina, para el tratamiento de la tuberculosis, se pueden incrementar los problemas hepáticos.