Un pequeño péptido muestra potencial para frenar la progresión de la epilepsia

Un pequeño péptido muestra potencial para frenar la progresión de la epilepsia

Un pequeño péptido muestra potencial para frenar la progresión de la epilepsia

Una investigación apunta a una nueva estrategia terapéutica que va más allá del control de las convulsiones y actúa sobre los mecanismos de estrés e inflamación cerebral

Un nuevo estudio de la Universidad Hebrea de Jerusalén abre la puerta a una posible estrategia innovadora para tratar la epilepsia, una de las enfermedades neurológicas más frecuentes a nivel mundial. La investigación sugiere que un pequeño péptido experimental podría ayudar a ralentizar la progresión de la enfermedad al modular las señales de estrés químico e inflamación en el cerebro.

Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 50 millones de personas viven con epilepsia en todo el mundo. Aunque existen tratamientos eficaces para reducir las convulsiones, hasta un 40 % de los pacientes no responde adecuadamente a los fármacos disponibles, y la mayoría de estos tratamientos no evitan que la enfermedad empeore con el tiempo ni previenen las alteraciones cognitivas y emocionales asociadas.

El estudio, publicado en la revista Redox Biology, ha sido dirigido por los doctorandos Prince Kumar Singh y Shweta Maurya, bajo la supervisión del profesor Tawfeeq Shekh-Ahmad, de la Facultad de Farmacia de la Facultad de Medicina, en colaboración con la profesora Daphne Atlas, del Instituto Alexander Silberman de Ciencias de la Vida.

Un enfoque diferente: proteger el cerebro del estrés y la inflamación

La investigación se centró en el compuesto experimental TXM-CB3, un tripéptido de bajo peso molecular diseñado para imitar la acción de la tiorredoxina, una proteína natural del organismo que desempeña un papel clave en la defensa celular frente al estrés oxidativo y en la regulación de la inflamación.

Cada vez existe más evidencia de que estos procesos no solo desencadenan las convulsiones, sino que también contribuyen a la progresión de la epilepsia y a la aparición de síntomas como ansiedad, problemas de memoria y deterioro cognitivo.

“La mayoría de los tratamientos actuales se enfocan en suprimir las convulsiones, pero nuestro objetivo era intervenir en los mecanismos biológicos subyacentes que impulsan la enfermedad”, explica el profesor Shekh-Ahmad.

Resultados prometedores en modelos experimentales

En modelos celulares, el tratamiento con TXM-CB3 redujo significativamente los marcadores de estrés químico dañino y modificó la respuesta inmunitaria, desplazándola de un perfil inflamatorio hacia uno más protector.

Posteriormente, los investigadores evaluaron el compuesto en modelos preclínicos de epilepsia farmacorresistente, analizando dos escenarios terapéuticos clave:

  • Intervención temprana, poco después de un episodio convulsivo grave: el tratamiento retrasó la aparición de nuevas convulsiones, redujo su frecuencia y disminuyó la carga convulsiva total. Además, se observó una mejor preservación de regiones cerebrales relacionadas con la memoria, junto con mejoras conductuales, como menor ansiedad y mejor rendimiento en pruebas de memoria a corto plazo.

  • Intervención tardía, cuando las convulsiones recurrentes ya estaban establecidas: aunque el tratamiento logró reducir la actividad convulsiva con el tiempo, no se observaron mejoras significativas en los déficits cognitivos ya presentes, lo que subraya la importancia de una intervención precoz.

“El hecho de observar una reducción de la actividad convulsiva junto con signos de protección cerebral refuerza la necesidad de desarrollar terapias que aprovechen los propios mecanismos de defensa del organismo”, señala la profesora Atlas.

Hacia tratamientos que mejoren la calidad de vida

A diferencia de los fármacos actuales, centrados principalmente en controlar las convulsiones en el momento, este estudio apunta a una estrategia que podría modificar el curso de la enfermedad, reduciendo las condiciones biológicas que favorecen la recurrencia de las crisis y el daño cerebral a largo plazo.

Aunque los autores subrayan que los resultados proceden de modelos experimentales y que serán necesarios más estudios para evaluar la seguridad y eficacia en humanos, los hallazgos ofrecen una vía prometedora hacia tratamientos que no solo controlen las convulsiones, sino que también mejoren la calidad de vida a largo plazo de las personas con epilepsia.

Fuente consultada: Medicalxpress.com

IGR

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