Investigaciones lideradas por el profesor Matthew Walker, de la Universidad de California en Berkeley, revelan que los adultos mayores no necesitan menos horas de sueño, sino que pierden la capacidad biológica de generarlas.
Existe un mito profundamente arraigado: al envejecer, el cuerpo requiere menos descanso. Sin embargo, un reciente análisis científico publicado en la revista Neuron desmiente esta creencia. La investigación sugiere que la falta de sueño en la mediana edad y la vejez no es una elección ni una necesidad reducida, sino una consecuencia del deterioro de los circuitos cerebrales que regulan el descanso.
El mito de la “adaptación”
Muchos adultos mayores aseguran sentirse bien durmiendo pocas horas. Según el profesor Matthew Walker, esto ocurre porque el cerebro se “acostumbra” a la privación de sueño, volviéndose menos sensible a la fatiga. “Los adultos mayores no tienen una necesidad reducida de sueño, sino una capacidad deteriorada para generarlo”, afirma Walker. “Sufren de una necesidad de sueño insatisfecha”.
Los estudios demuestran que, aunque estas personas parecen realizar sus tareas diarias con normalidad, sus ondas cerebrales y marcadores químicos revelan una privación real de descanso que tiene un alto precio para la salud.
Riesgos para la salud y diferencias de género
La falta de sueño reparador (especialmente el sueño profundo no REM) no es un tema menor. La evidencia científica vincula directamente esta carencia con un mayor riesgo de sufrir demencia y otras enfermedades físicas y mentales.
Los cambios en la calidad del sueño pueden comenzar a los 35 años, mucho antes de lo que solemos notar. Los hombres sufren un deterioro del sueño profundo mucho más severo que las mujeres, aunque ambos sexos pierden calidad en la fase REM por igual. No es una agenda ocupada; es la degradación de neuronas y circuitos que impiden que el cerebro alcance las fases más profundas del descanso.
Un llamado a la prevención
A pesar de que actualmente no existen tratamientos médicos definitivos para restaurar la calidad del sueño perdida por el envejecimiento, los expertos subrayan la importancia de la prevención. Se recomienda mantener una rutina estricta de horarios y evitar sustancias que alteren el sistema nervioso, como el alcohol y la cafeína.
Como conclusión, el profesor Walker enfatiza la importancia de integrar la salud del sueño en las políticas de envejecimiento saludable: “Se debe prestar más atención al diagnóstico de los trastornos del sueño si queremos extender la vida útil, y no solo la vida”.